17 de agosto de 2012

HEDONISMO O BÚSQUEDA DE PLACER

Autor Laberinto Social
El equipo de laberinto social, intenta hacer una breve síntesis filosófica de cómo vemos al hombre nuevo en el paradigma de la modernidad, no nos excluimos.

Después de esta reflexión en un próximo informe vamos a dar nuestras ideas de cómo y con la colaboración de ustedes si desean participar  a donde debemos encausarnos para cambiar esta realidad.

De eso se trata un debate de ideas, que modelo de humanidad queremos.

El hedonismo ayer y hoy:



 La ética hedonista se remonta a la época histórica llamada helenística, época de aparición de los grandes imperios (primero el de Marco Aurelio y luego el Imperio Romano), que trae consigo desconcierto político y moral de las polis griegas. Ante el desconcierto reinante, el estoicismo y el epicureísmo,las dos escuelas más importantes de la época, reconducen la investigación ética en busca de la felicidad de los individuos coincidiendo con la tradición griega, poniéndose de acuerdo estas dos escuelas que felicidad y sabiduría se identifican, pero discrepan en la manera de entender el concepto de naturaleza y al ideal del hombre sabio.

Anteriormente los sofistas fueron los primeros en tratar estos planteamientos y entre los discípulos de Sócrates, también hubo una corriente “los cirenaicos”, quienes defendían que el bien humano se identifica con el placer, particularmente sensual e inmediato. Este hedonismo incipiente fue criticado agudamente por Platón y Aristóteles.

Hasta que apareció Epicuro (341-270 A.C.) quien presento un modelo hedonista filosóficamente más maduro. Esta ética es una explicación de la moral en términos de búsqueda de la felicidad entendida como placer, como satisfacción de carácter sensible. Sostiene que la búsqueda del placer, será sabio quien sea capaz de calcular correctamente que actividades nos proporcionan mayor placer y menor dolor, es decir, quien consiga conducir su vida calculando la intensidad y duración de los placeres, disfrutando de los que tienen menos consecuencias dolorosas y repartiéndolos con medida a lo largo de su existencia. Dos condiciones son las que hacen la verdadera sabiduría y la felicidad: el placer y el entendimiento calculador. Este ultimo nos permite distinguir varias clases de placer, correspondientes a distintos tipos de deseos: una parte son deseos naturales y otra parte son vanos deseos, entre los naturales, unos son necesarios y otros no, entre los necesarios, unos son para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo y otros para la vida misma. Conociendo bien estos deseos es posible referir toda elección de salud del cuerpo y serenidad del alma, porque en ello consiste la vida feliz. Por esto, cuando se refiere al como objetivo final, no se refiere a placeres de los vicios, sino, al no sufrir dolor en el cuerpo ni estar perturbado en el alma.

La  proposición de Epicuro como ideal de felicidad el goce moderado y sosegado de placeres naturales, vinculados a la verdadera necesidad del cuerpo y del alma.

Reiterando, no se trata de un placer puramente material, sino que es el índole espiritual y afectivo, por lo tanto tranquilo y duradero.

Para Epicuro, el autentico placer solo se alcanza cuando se consigue la autarquía, el pleno dominio de uno mismo, de los propios deseos y afecciones. Esta autarquía para Epicuro no es entendida como un estado de completa insensibilidad y eliminación de todas las pasiones sino que de todos los obstáculos que se oponen a la felicidad: los temores, y las preocupaciones, las penas y los dolores. Saber reconocer las verdaderas necesidades, lo indispensable y que no nos inquiete  el deseo de poseer más, ya que el verdadero placer no se halla en lo material, sino en el saber y la amistad. La conciencia de estos placeres, producen la ataraxia, es decir la serenidad y el equilibrio del ánimo. Los placeres materiales deben saber dosificarse y ordenarse en función de los placeres espirituales. Con esto se eliminan los otros dos obstáculos que impiden la felicidad: la búsqueda desordenada de placeres y el miedo al dolor.

El hedonismo o búsqueda de placer    en la sociedad contemporánea:


Observamos un antagonismo de lo que fue el hedonismo de Epicuro. Una sociedad con la influencia de occidente emerge el hombre light , un sujeto que lleva por bandera una tetralogía nihilista: hedonismo, consumismo,  permisividad, relatividad. Un hombre sin sustancia, sin contenido, entregado al dinero, al poder, al éxito y al gozo ilimitado y sin restricciones.

Un sujeto que carece de referentes, con un gran vacío moral, infeliz, teniendo casi todo materialmente hablando, una cultura del instante, con ausencia de vínculos sin ideales, con pensamiento débil, sin argumento ni ilusiones. Sin reconocer lo bueno y lo que es malo, donde busca un nivel de vida de placer sin fondo moral.

Un hombre con un perfil psicológico con escasa educación humana, aunque relativamente bien informado, entregado al pragmatismo. Todo le interesa pero a nivel superficial, sin capacidad de análisis de aquello que percibe, es decir un sujeto ligero y frívolo, acepta todo sin criterios de conducta. Todo lo toma: de forma volátil, leve,  permisivo.  Ha visto cambios muy rápidos en tiempos muy cortos, lo lleva al desconcierto, ha ser un sujeto contextuado en su profesión bien preparado pero fuera de su contexto va a la deriva, sin ideas claras, atrapado en un mundo lleno de información , que le distrae y lo convierte en un hombre superficial, indiferente,  permisivo, con un gran vacío moral.

Estas transformaciones  de los últimos años lleva al hombre al:

a) materialismo, reconocimiento social por su dinero.
b) hedonismo, apunta a la muerte de las ideas, vacio de sentido y búsqueda de sensaciones más nuevas y excitantes.
c) permisividad, donde la ética permisiva sustituye a la moral engendrando desconcierto generalizado.
d) relativismo, cae en el absolutismo de  lo relativo, nuevas reglas dominadas por la subjetividad.
e) consumismo, fórmula posmoderna de sentimientos de libertad.

El desconcierto lleva a los individuos a la marginalidad de los jóvenes, crisis conyugal y otros hechos de la vida cotidiana.

Un perfil psicológico con una moral de neutralidad, falta de compromiso social y subjetividad.

Con un ideal aséptico, sin rebelión, un hombre así no deja huellas, estamos en la era del vacío. No se cree en casi nada, el hombre contemporáneo es frio, sus opiniones cambian rápidamente, sin valores. Se ha ido volviendo vulnerable, indefenso. Donde resulta más fácil manipularlo, transformándose en inhumano, menos culto y sin reflexión. Solo busca el dinero y el placer de los vicios, los inmediatos. Aspira a la fama y el poder por encima de todo, caiga quien caiga. Un sujeto rebajado a la categoría de objeto, cuyos fines es despertar admiración y envidia. Es un individuo vacio, sin brújula, navegando a la deriva, vive para sí mismo y para el placer.

Estamos ante el fin de una civilización. Nos encontramos en una situación parecida a la época posmoderna, o era posindustrial para otros.
Se ha producido un cambio sensible en el mundo de las ideas y su reflejo en el comportamiento.
Este hedonismo y la permisividad  entrelazada con el materialismo  hacen que las aspiraciones del hombre vayan asia el materialismo y una decadencia moral.
Donde el código es la permisividad, la búsqueda del placer y el refinamiento, contemplar la vida como un goce ilimitado, esto apunta a la muerte de las ideas.
Este hedonismo conduce al consumismo, donde todo se puede: gastar y poseer. Se vive como una nueva experiencia de libertad.

Una revolución sin finalidad y sin proyectos. Con un deseo impulsivo de comprar, donde el hombre se vuelve cada vez más débil. Con una permisividad sin limitaciones. Se impone una revolución sin finalidad y sin programa, escéptica  e individualista. La metafísica de la nada.

El  relativismo es hijo de la permisividad.
Un nuevo código ético, todo depende, cualquier análisis puede ser positivo o negativo, no hay nada absoluto.  De esta tolerancia nace la indiferencia pura e incoherente.
Un hombre así es cada vez más vulnerable, no hace pie y se hunde.

Este vacío moral puede ser superado con humanismo y trascendencia. Cruzar la vida elevando la dignidad del hombre y sin perder de vista que no hay autentico progreso si no se desarrolla en clave moral.
Input-Output  de nuestra sociedad. “Nacemos originales y morimos copias”

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